“Toda una vida dedicada a la gastronomía y ahora no me queda alternativa: no le vendo nada a nadie y encima me llega este nivel de servicio imposible de pagar”. A los 49 años, Matías Miguel se encuentra en un momento desesperante: acaba de recibir una factura de Edenor por un total de $510 mil y sabe que no tiene otra alternativa que bajar la persiana de su emprendimiento familiar porque ese gasto no podrá enfrentarlo.

“Tuvimos el peor diciembre en años, incluso peor que en pandemia. Las ventas cayeron muchísimo. Enero y febrero fue igual, porque ni siquiera hay albañiles trabajando en las obras que pasaban a comer un sándwich”, señaló el comerciante, responsable de Abra Pampa, la parrilla ubicada sobre la avenida Don Bosco al 2700, esquina Florio, en el límite entre Villa Luzuriaga y Haedo, pero del lado de La Matanza.
Según reveló a Primer Plano Online, la anterior factura que recibió fue de $110 mil, es decir, se le encareció por cuatro veces el costo a abonar. “Alrededor de 23 mil pesos por día, una locura”, sintetizó. Matías alquila ese local por un valor de $160 mil mensuales, y también es inquilino en la casa que habita. “Soy inquilino dependiente, así que con este modelo económico me quedo sin laburo y sin casa: voy a terminar en un asentamiento”, reflexionó.

“Tenemos salón, banquetas al mostrador y delivery. El salón está prácticamente inutilizado, no viene nadie. Acá trabajo con mis hijos, de 26 y 21 años, no puedo darle trabajo a más personas, no podemos contratar a nadie. Con todos los gastos que hay, te acostás pensando en cómo afrontarlos y te levantás pensando lo mismo”, señaló.
El comerciante es gastronómico de toda la vida y está todavía saliendo de un duelo personal, porque en noviembre pasado perdió a su compañera por un cáncer terminal. Además tiene una discapacidad: por un accidente casero (se enterró un fierro en un ojo) perdió el globo ocular izquierdo. “Ya estoy pensando en que vamos a tener que tirar un chulengo en la calle para vender al paso”, completó Matías, no sin antes lamentar que, para sostener las puertas abiertas en el verano tuvo que vender 800 dólares de sus ahorros.










