Dos personas que viven enfrente y al lado, respectivamente, de la casa que habitaba Sabrina Vanesa Ovalle sobre la calle Cuyo al 800, en Ituzaingó, escucharon gritos en el amanecer del viernes 3 de enero de 2020. Pensaron, en principio, que se trataba de un perro, pero cuando se asomaron a las rejas de ingreso a la vivienda vieron un gigantesco charco de sangre y detectaron que era la mujer la que estaba debajo del cuerpo de quien había sido su pareja.
Primero entró la vecina y lo intentó sacar, pero no pudo. Luego el otro vecino que vio la secuencia lo tomó por la fuerza y lo sacó a la vereda. En medio de esa conmoción, el femicida se logró soltar: entró nuevamente a donde yacía la víctima e insistió en seguir apuñalándola. “Déjenme terminar lo que vine a hacer”, gritaba enajenado. Más gente se sumó a intentar frenar esa locura criminal y terminaron por sacarlo. Y, ya reducido se quiso suicidar, pero le quitaron el cuchillo y lo entregaron a la Policía.
Ovalle recibió un total de 53 puñaladas y César Fernando Díaz estuvo un par de días internado. Recuperado, fue a la cárcel y ayer comenzó y terminó, en una misma jornada el juicio en su contra. Es que, como pocas otras veces, el video del hecho fue una representación literal de lo ocurrido y no dejó lugar a dudas, al igual que los testimonios de quienes fueron testigos de su accionar criminal.

El Tribunal Oral Criminal (TOC) Nº 5 de Morón, presidido por el juez Marcos Lisa e integrado también por la jueza Julia de la Llana y su colega Gabriel Sotelo, decidieron que el juicio se agote ayer mismo, dado que los testimonios fueron contestes con la prueba reunida en la instrucción, con los dichos de testigos presenciales, con el video expuesto y hasta con la propia declaración del imputado que reconoció haber estado en el lugar del hecho pero con un detalle: a la hora de dar su testimonio dijo recordar todo, incluso haber llevado las armas, un cuchillo y una tipo tumbera, pero que del homicidio “no me acuerdo de nada”.
“Díaz ingresó a la casa porque sabía cómo hacerlo. En la filmación quedó claro que estuvo quince minutos en el interior y que luego se retira acompañado por ella y es ahí cuando la ataca”, detalló a Primer Plano Online una fuente judicial. Un dato clave explica la decisión previa del femicida: la cuchilla con la que apuñaló a su exmujer y la tumbera estaban armadas con la misma cinta de embalaje. El asesino tenía una restricción perimetral de acercamiento, de la que tenía conocimiento, pero según narró en el juicio, la mujer lo dejaba entrar a la casa para cuidar a las hijas que tenían en común.
Las hijas de Sabrina y del femicida, ambas menores de edad, quedaron al cuidado de la hermana de la víctima. El otro hijo de Ovalle, de una pareja anterior, no estaba en la casa al momento del crimen. La Fiscalía de juicio, a cargo de Florencia di Sciascio y Hernán Moyano (la instrucción estuvo a cargo de la titular de la UFI Nº 10 de Morón, Paula Hondeville) pidió la pena de prisión perpetua por el homicidio de una mujer cometido por un hombre mediando violencia de género, es decir, femicidio, en concurso real con el delito de desobediencia a la autoridad por haber violado la perimetral. La semana próxima el tribunal dará a conocer la sentencia.










