“Te paso a buscar que tengo un regalo para darte”. Fue la última comunicación que tuvo Sandra Marcela Garcé con Abel Miguel Bareiro (38). Él mantenía con ella una relación extramatrimonial con la promesa de abandonar a su familia e irse definitivamente con ella.
Aquella noche del 27 de agosto de 2020 fue por ella y los allegados a la mujer se ilusionaron que podía ser el paso decisivo para que el amor crezca. Pero fue, en rigor, la última vez que la vieron con vida: la mujer se subió al auto en la puerta de su casa de la calle Malarredo al 200, en Hurlingham, y a las pocas horas su cuerpo apareció calcinado.

El femicida la mató a bordo del rodado con el que trabajaba de remisero y descartó el cadáver en el límite de ese distrito con Morón, más concretamente en la avenida Márquez y Combate de Pavón, en El Palomar. Por lo menos dos cámaras de seguridad lo captaron yendo hacia el lugar y otro domo captó el instante en el cual arroja sus restos, los rocía, se agacha y enciende el fuego para luego dar marcha atrás y retomar viaje rumbo a Villa Tesei, donde vivía sobre la calle Cura Navarro.
Incluso 20 minutos después de asesinarla y quemar su cuerpo, el sanguinario criminal quedó registrado en una estación de servicio cargando combustible y limpiando su rodado, del lado del acompañante, como si nada hubiera sucedido. Después se duchó y terminó la jornada jugando a la Play con su pequeño hijo.
Con la mecánica del hecho clara y la confesión del femicida, Bareiro fue sometido a juicio ante el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de Morón, integrado por los jueces Claudio Chaminade, Mariana Maldonado y Juan Carlos Uboldi. El fiscal fue Leonardo Lisa. El debate duró una sola jornada y fue tal la claridad de lo expuesto por los testigos convocados que quedó en claro el vínculo entre femicida y víctima y la insistencia con la que Garcé le pedía que se vaya a vivir con él.

Hasta la defensa del imputado reconoció el homicidio, pero sí cuestionó la figura de femicidio al argumentar que el remisero, de nacionalidad paraguaya, no ejercía violencia de género para con ella. Nada entró en contradicción en relación a la materialidad del hecho y a la participación del acusado.
El delito de homicidio agravado por el vínculo no tiene otra posibilidad que la prisión perpetua, aunque se espera un fallo fuerte de parte de uno de los tribunales más duros del Departamento Judicial Morón. La sentencia se dará a conocer en los próximos días.










