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miércoles, febrero 11, 2026
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Joaquín Gatto: el drama de una familia de Ramos Mejía que intenta convertir el dolor en prevención

Al chiquito, de 12 años, se le cayó un arco encima durante un campamento y las lesiones que padeció resultaron mortales. En medio de la tragedia, papá y mamá decidieron donar sus órganos para que cuatro niños puedan mejorar su calidad de vida. Ahora pelean por la elaboración de un proyecto para que todas las entidades deportivas, escuelas y demás puntos de encuentro para la práctica de disciplinas tengan esos objetos amurados.

El cronista de Primer Plano Online que se contactó con Serena y Adrián, mamá y papá de Joaquín Stefano Gatto, iba dejando caer lágrimas a medida que los escuchaba hablar. Es que resulta imposible ponerse en el lugar que están ocupando desde el pasado 5 de enero, cuando quedaron en casa con esa soledad de la ausencia eterna que no tiene calificativo que pueda definirla.

El chiquito, oriundo de Ramos Mejía, viajó con Los Exploradores (ex boy scouts) a Junín de Los Andes. Era parte del Batallón 41 y, tras 24 horas de micro, bajó con el resto de la delegación en el predio de la comunidad salesiana de Junín de Los Andes. Ahí empezaron a armar las carpas para comenzar la travesía.

“En ese momento los chicos empezaron a jugar a la pelota y nuestro hijo se colgó de un arco, que se le cayó encima y le aplastó el tórax. Era una estructura muy pesada, que una persona sola no podía levantar: necesitaron tres adultos para moverlo”, narró la mujer.

La historia de Joaquín Gatto
A Joaquín le encantaba el fútbol y particularmente atajar: debajo de los tres palos sentía que era su lugar

Joaquín quedó inconsciente, y entre los responsables del grupo y papás que fueron como acompañantes lo trasladaron de urgencia al hospital del pueblo, ubicado a 4 cuadras. Allí, mientras le avisaban a la familia, los médicos confirmaron que el nene entró en paro cardíaco: tardaron 20 minutos para reanimarlo.

Una vez que lograron salir de la urgencia, en ambulancia lo derivaron al hospital de San Martín de Los Andes, que es de mayor complejidad. El cuadro del chiquito era gravísimo, sobre todo por el sangrado interno. Además, por una lesión en una aurícula del corazón, que lograron frenar la hemorragia mediante cirugía. Pero su vida estaba en riesgo: tenía fracturas costales, y sus pulmones e hígado quedaron seriamente afectados.

“Cambiate que tenemos que viajar”

Mientras estaba llegando a su trabajo, Serena recibió ese llamado al que cualquier padre o madre le tienen pánico. Volvió a su casa y sólo atinó a decirle a su esposo: “Joaquín tuvo un accidente, cambiate que tenemos que viajar”. Fueron a Aeroparque con las manos vacías y la desesperación de tener que llegar cuanto antes a estar con su hijo. Pudieron conseguir pasajes en aviones separados.

En medio de la odisea por intentar llegar, Adrián recibió un llamado que lo puso en jaque: debía autorizar que operen a su hijo debido a la gravedad del caso. Imposible ponerse en el lugar de ese papá. La autorizó, claro, mientras desde el batallón lo contenían telefónicamente y no se despegaban de su hijo, cosa que agradecen hasta.

La historia de Joaquín Gatto
Joaquín era el benjamín de una familia ensamblada y el único hijo en común de papá y mamá

Serena y su esposo llegaron de madrugada al hospital y recibieron las noticias. Los médicos los prepararon para enfrentar lo que iban a ver cuando entraran a terapia intensiva: su hijo intubado, lleno de cables, drenajes, mangueras e inconsciente. Papá y mamá durmieron en el nosocomio y se despertaron cuando trasladaron de piso al nene para hacer una tomografía. Ese movimiento les resultó inicialmente esperanzador, pero rápidamente se derrumbó.

“Cuando volvieron los médicos nos confirmaron que Joaquín tenía muerte encefálica. ‘Su hijo ya no está en ese cuerpo’, nos dijo la médica. Es algo inexplicable, no se puede transmitir. Al rato nos vino a ver la gente del Incucai y, si bien inicialmente dijimos que no, nos dejaron pensarlo, regresaron y lo aceptamos donar sus órganos”, manifestó la mamá.

Los riñones del nene y sus córneas ahora viven en cuatro personas que las recibieron y que pueden seguir viviendo gracias a ese gesto de inconmensurable amor. “Yo le digo a mi nene que es un corazón con patas. Es un chico de mucha unión, que siempre mediaba para que los compañeros que se peleaban se amiguen. Una hermosa personita por dentro y por fuera”, lo describió mamá, a la que no le sale hablar en pasado.

Una ley para todo el país

Joaquín era el hijo único fruto del amor de Serena y Adrián, aunque el benjamín de una familia ensamblada, con hermanos y hermanas de parejas anteriores de papá y mamá. En medio de la desgracia que los atraviesa, intentan convertir el dolor en lucha para que no vuelva a pasar algo así nunca más.

El proyecto, denominado Ley Joaquín, busca que todos los arcos y demás instrumentos para la práctica del deporte (como aros de básquet, por ejemplo) estén amurados y sujetos al suelo, con inspecciones de rutina y controles estrictos en clubes, escuelas, campamentos y espacios públicos al que asistan grandes y chicos. “Este tipo de tragedias se pueden prevenir fácilmente”, aseguran.

Según narró Adrián, la información que pudo compilar indica que en el último año hubo cuatro episodios similares al de Joaquín. Y no hay conciencia de los peligros que esto implica, sobre todo para las infancias. De hecho, no descartan juntarse con esas familias para acompañarse mutuamente y sumar fuerzas colectivas. “Si no hay una ley que regule, esto va a seguir pasando. Y no queremos que nadie más esté en nuestro lugar”, cerraron papá y mamá del nene.

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