Remera naranja manga larga y short verde de los Celtics, equipo de básquet de la NBA. Era imposible no reconocerlo por sus rasgos fisonómicos y la vestimenta: o no sabía que en el barrio había cámaras de seguridad o no contempló la chance de ser denunciado.
Como sea, Javier Osvaldo Giménez terminó detenido. Aprovechó la madrugada del pasado domingo, saltó una pared de un metro y medio de altura, se metió en la casa de una vecina, lindera a la suya, y concretó un robo absurdo: se llevó una garrafa de 10 kilos.
Pero no fue lo único: también manoteó un porta tortero, con el que la mujer se gana la vida haciendo tortillas, y un porta ducha que había quedado a la intemperie. En los barrios a quien le roba a sus propios vecinos a sabiendas de lo que hace se lo conoce de una sola manera: rastrero.
La valiente denuncia de la víctima
Todo ocurrió sobre la calle Presidente Arturo Illia al 800 de la localidad de Pontevedra, y la víctima logró detectarlo al descubrir el faltante y observar cámaras de seguridad de la cuadra. Desde un primer momento la mujer no dudó: era su vecino quien le había robado.

La víctima esperó para encontrarse cara a cara con él y resolver las cosas mediante el diálogo, aunque no fue muy productivo ese camino: se lo cruzó a pocas cuadras de su casa horas más tarde cuando, con dos cómplices más, amenazaba e insultaba a otro habitante del barrio.
Fue entonces que no dudó: tomó su celular y llamó al 911 para radicar la denuncia. Cuando el acusado se percató de lo que la mujer hacía le espetó: “ojo lo que hacés, vamos a buscar los fierros”. La intimidación no surtió efecto y un móvil policial se presentó en la cuadra y redujo al agresor.
Giménez quedó detenido en orden a los delitos de amenazas y hurto agravado por cometerse con escalamiento, ambos en concurso real entre sí. El sujeto está a disposición del fiscal Ezequiel Lovillo, de la UFI N° 5 de Morón.








