La mujer que ayudó a escapar en 2013 a Walter Alberto Brauton Steimbach, el violador serial condenado por 40 años de prisión por siete violaciones, tres intentos de abuso sexual, robo y nueve raptos, recibió una pena de tres años de prisión en suspenso por la justicia, que la consideró como cómplice de la fuga.
Sin embargo, lo que se modificó en estos últimos meses es que la mujer también aportó algunos datos claves como para poder recapturar al hombre que se fugó el 17 de agosto de 2013 tras haberle suministrado somníferos al guardiacárcel que debía vigilarlo. Prono confesó, tras ser detenida en 2015, que fue ella quien le puso las gotas para dormir al agente penitenciario dentro de una empanada.
Dos años más tarde de aquel episodio, el 20 de agosto de 2015, la mujer fue arrestada por la Policía tras un seguimiento encubierto. Ella le había confesado a una amiga que se volvía a la Argentina desde Bolivia, donde vivió ese tiempo con el violador, a quien le había creído su inocencia. Había viajado con la identidad de Cipriana Choque Arce, una mujer boliviana fallecida.
LA HISTORIA DE LA RECAPTURA QUE NARRÓ PRIMER PLANO ONLINE:
Desde un primer momento, la justicia consideró que Prono, en realidad, había sido una víctima más de Brauton, y que lo ayudó bajo amenaza. Quizá por eso, cuando el fiscal Claudio Oviedo, a cargo de una investigación de casi seis años para recapturar a Brauton, pidió la prisión preventiva de ella, la Cámara de Apelaciones de Morón se la rechazó al considerar que “no había riesgo de fuga”.
Antes, la mujer se había negado a informar en donde estaba el prófugo pero sí había aportado un dato clave: su identidad. Después llegó el trabajo policial para terminar apresándolo.
Walter Alberto Brauton Steimbach (47) fue hasta el 22 de noviembre el delincuente sexual más buscado del país: la recompensa por su captura era de 300 mil pesos. Su vida como prófugo terminó cuando, en un trabajo coordinado por las fuerzas federales argentinas, Interpol y la justicia, le tendieron una trampa para la compra de una heladera que él había puesto a la venta de su emprendimiento gastronómico en la ciudad de Potosí, en Bolivia. Así cayó, aquel país lo expulsó e inmediatamente volvió a la Argentina.

Casado, padre de dos hijos, Brauton vivía en Marcos Paz y trabajaba como contador en una concesionaria de autos de Tortuguitas cuando aún no lo habían detenido por convertirse en un violador serial, que iba en su auto, amenazaba a sus víctimas con un arma y las sometía en algún descampado. Según se supo en la investigación, el hombre usaba preservativos que luego guardaba debajo del asiento de su coche. Todas las mujeres abusadas por Brauton, que por entonces tenían entre 17 y 23 años, lo reconocieron.
Los ataques ocurrieron entre enero y marzo de 2005 en Loma Hermosa, Merlo, San Alberto, Castelar, Moreno e Ituzaingó. Cuatro años después, en 2009, fue condenado a 40 años de prisión por siete violaciones, tres intentos de abuso sexual, robo y nueve raptos. La condena fue del TOC N° 2 de Morón, el mismo que le dio las salidas extraordinarias que le permitirían escapar. En el medio, Casación le había rebajado la pena a 38 años.
Llevaba ocho años preso cuando se fugó y pasó otros cinco viviendo en Bolivia. Ahora debe terminar de cumplir la sentencia además de lo que se le sumará por la fuga y el tiempo que escapó de la ley.











