Cuando fue convocada por el tribunal a brindar su testimonio se incorporó, caminó firme y jamás dejó de tener la mirada en los jueces. Se sentó en la silla y comenzó un relato que varias veces debió interrumpir por el llanto. Respondió cada una de las preguntas que le realizaron y pidió justicia, por las marcas que quedaron para siempre en ella y para resguardar a su hermana, que tiene una discapacidad intelectual.
Su nombre, como es lógico, no será publicado, pero sí la aberrante historia que enfrentó, de la que ahora intenta salir para siempre. “Sólo espero no volver a verlos nunca más en mi vida”, se sinceró ante la jueza Mariela Moralejo Rivera y sus pares Diego Bonanno y Federico Topino, del Tribunal Oral Criminal Nº 3 de Morón. El fiscal del debate es Pablo Masferrer.
La escuchaban, en otro rincón de la sala de audiencias, su progenitora, como ella llamó a Lorena Paola Llanos (40) y la última pareja de la acusada, Juan Carlos Aguirre (57), quienes llegaron detenidos al debate. Después de su declaración, el silencio fue lo único que se escuchó. En sus palabras se conoció la espeluznante vida que padeció hasta que fue rescatada de la casilla familiar de la localidad de Mariano Acosta, en Merlo.
La madre biológica de la víctima, que ejercía la prostitución, la entregó a su concubino para que abuse de ella de todas las maneras posibles. Primero la mujer era testigo de las vejaciones: luego fue parte activa también y se sumaba. Además, un detalle no menor: en medio de los ataques sexuales también le pegaban con una caña de bambú.
El herpes que llevará toda la vida en su organismo como resultado de los abusos
Narrar los sometimientos que ejercieron sobre una niña de apenas cuatro años no hace al rigor periodístico del tratamiento de estos casos. Pero sí contar algunos datos que ayudan a entender cómo esa menor de edad pudo dar a conocer lo que le pasó, algo que derivó en la detención de la pareja imputada.
Poco antes de nacer, la progenitora de la víctima se había puesto de novia con otra mujer, que termina siendo un personaje clave. ¿Motivo? Si bien esa relación no duró mucho tiempo, fue esa joven la que terminó haciéndose cargo de la chiquita. Es más: la Justicia de Familia le otorgó la tenencia cuando la menor recién cumplió 14 años.
Su intervención fue determinante. Como veía en el barrio muy deteriorada a la nena le solicitó a su madre biológica que se la entregue para poder ayudarla y sacarla adelante. Y denunció el estado de esa niña ante la justicia y ante el Servicio Local de Merlo.
La abuela de la nena, entonces, se contactó con ella y le pidió que retire la denuncia. Y que si lo hacía se le entregaba para que la tenga en su vivienda. Eso finalmente ocurrió, pero a medias: es que cuando la menor le fue dada por su familia de origen la dejaron en una plaza “lastimada, llena de piojos, con una bolsa que contenía mi ropa”. Así lo contó la víctima.
De inmediato, la mujer que la recibió la llevó al hospital Posadas, para determinar su verdadero estado de salud. En ese nosocomio la médica que la atendió le indicó a la madre adoptiva, como la víctima considera a esa salvadora, que realice la denuncia porque la chiquita tenía “evidentes signos de abuso sexual”.
Como si todo eso fuera poco, luego de una serie de análisis detectaron que la adolescente tenía en su cuerpo el virus herpes, que lo va a llevar en su organismo para toda la vida. En la investigación del caso se incorporaron todos los estudios médicos que avalan lo contado por la víctima.
El juicio tiene previsto que los alegatos sean la semana que viene y luego se conocerá la sentencia. Los delitos que se le imputan a Llanos y a Aguirre son idénticos: abuso sexual gravemente ultrajante agravado por ser la víctima menor de 13 años y corrupción de menores. Se espera que sea una condena de las más duras aplicadas en el Departamento Judicial Morón.










