Un vecino de Ituzaingó e hincha fanático del Deportivo Morón acaba de hacer cumbre en el cerro El Plata, en la provincia de Mendoza. Llegó a escalar los 5.968 metros que separan esa altura del llano (nivel del mar tal cual su definición técnica) y reiteró lo que ya es rutina: desplegar la camiseta del ‘Gallo’ en cada destino que conquista.
Se trata de Gonzalo Ucha (44), aficionado al montañismo y amante del deporte en general. “Esa camiseta de Morón es parte de mi equipo de montaña. Ya debe tener como 15 cumbres como mínimo. Y colgarla en las alturas lo hago desde 2021”, le contó vía telefónica a Primer Plano Online.
“Es la camiseta sagrada, que no se lava nunca. Representa una de las dos cosas que más quiero: el montañismo y el Deportivo Morón”, agregó el hombre que se anima a las aventuras con algún amigo o amiga que esté dispuesto a hacerle compañía, y si no consigue con quién se le anima solo a las altas cumbres.
“Específicamente para cada ascenso hay que tomar tres litros de agua por día en los cuatro días previos, porque eso facilita la aclimatación a la altura. Una vez que se llega a una determinada altura hay que subir paulatinamente, y hacer noche en campamentos. Además, hay que hacer preparación física durante todo el año”, detalló sobre cada uno de los desafíos que enfrenta al escalar.
EL MONTAÑISMO EN UN BICHO DE CIUDAD
¿Cómo surgió el deseo de un deporte tan extremo en un vecino del conurbano? No hay que buscarle tanta explicación. “Cuando tenía 10 años vi una foto del Aconcagua, al que todavía no subí, me enamoré de esa montaña y prometí un día llegar. Siempre hice mucho deporte y luego empecé con el montañismo”, reveló Ucha.
Es real que el gran desafío personal que se guarda para lo que considera como el corolario de sus expediciones es escalar al Aconcagua y al volcán más alto del mundo, que también está en la Argentina: es ‘El ojo del salado’, en Catamarca. Con 6891 metros sobre el nivel del mar es considerado por los especialistas como el más alto de la tierra.

Cada vez que anda por las alturas a Gonzalo le quedan secuelas en el cuerpo. Es decir, no es sencillo andar por allá arriba batallando contra el clima y la naturaleza. Las dificultades más comunes son contracturas en las piernas y una tos permanente por congelamiento de las vías respiratorias, que le dura aproximadamente 15 días luego de hacer cumbre.
El montañismo es una actividad que creció a gran escala después de la pandemia. Pareciera que el encierro de la cuarentena liberó las ganas de trepar montañas, o en menor medida volcarse al trekking y demás deportes de aventura y riesgo. “La verdad que está buenísimo que la gente se anime”, reflexionó Ucha.
RIESGOS Y ANÉCDOTAS DE LAS CUMBRES
En cuanto a la actividad en sí, Gonzalo reveló que es costosa la compra de los equipos para alta montaña, aunque con el cuidado respectivo es una inversión única, que se hace una sola vez. Después, para realizar las travesías es cubrir el costo es el viaje, de la comida de montaña y de los campamentos.
Eso sí: hay que animarse a enfrentar la que venga. Consultado sobre tuvo riesgo de vida, recordó tres anécdotas puntuales. “Una vez se me congeló el agua subiendo la montaña y me deshidraté. Afortunadamente pude bajar a tiempo para descongelarla. Otra vez me agarró un viento zonda de 120 kilómetros por hora, y otra el derrumbe de unas piedras que podría haberse convertido en un alud. Pero acá estoy, ja”, cerró desafiando al destino y proyectando su próximo viaje.











