El fallecimiento de Sergio Javier Munoha, el joven que estaba siendo buscado desde el miércoles pasado en Morón y apareció sin vida en el Río Reconquista el sábado al mediodía, se produjo por falla cardíaca. Así lo reveló la autopsia que le practicaron al cuerpo: el muchacho no tenía agua en los pulmones ni en el estómago ni tampoco presentaba traumatismos. Es decir, murió antes de caer al agua, posiblemente por un infarto que le provocó la pérdida de control de la moto que manejaba. Después, lo que se conoce. Cayó al agua, fue divisado por una mujer que llamó al 911 y el cadáver reconocido por su familia.
La investigación estaba originalmente en manos del fiscal Mario Ferrario, de la UFIyJ Nº 3 de Morón, aunque por averiguación de paradero. Sin embargo, como el hallazgo del cuerpo se dio en Ituzaingó, la causa pasó a manos de la fiscal Gabriela Millán, que instruye actuaciones por averiguación de causales de muerte. De todos modos, el resultado de la autopsia parece haber revelado los motivos.

Otro episodio verdaderamente increíble ocurrió anoche, cuando la familia de Sergio decidió suspender el velatorio. Es que el cadáver que le habían entregado para su despedida final no coincidía con el certificado de defunción, y se negaron a continuar con el trámite hasta tanto no se aclare. Los restos del joven se habían hinchado en demasía y ni siquiera conservaba los rasgos que sus allegados reconocían. Pese a que fuentes judiciales y policiales le aseguraron a Primer Plano Online que se trataba del cuerpo, la familia decidió frenar todo hasta tanto se esclarezca esta dramática situación.
Este medio recorrió el lugar en donde Sergio cayó al agua con su moto. Como se informó, se trata del Camino de la Rivera, en el límite de Ituzaingó con Merlo, pero en jurisdicción del primer distrito mencionado. Allí hay una curva muy pronunciada y sin protección, que en rigor existía pero el guardrail desapareció luego de un accidente vial. En esa zona también hay restos de autos que evidentemente sufrieron siniestros desperdigados. Léase, debería contar -por la peligrosidad manifiesta que evidencia- con la debida protección y hasta limitadores de velocidad, pero no hay.
Las autoridades municipales de ambos distritos deberían asumir la responsabilidad y avanzar con el respectivo mantenimiento para evitar tragedias similares, independientemente de las causas del fallecimiento de Sergio. Si ese lugar tendría la baranda colocada se podría haber evitado la angustia de una familia que buscó a un ser querido por casi tres días.










