Escombros en silencio: Juan Carlos Franco Voces, el fotógrafo de Ituzaingó que retrató el atentado a la AMIA

Se cumplen 30 años de aquel ataque explosivo contra la mutual judía ubicada en la calle Pasteur 633 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El profesional arribó al lugar apenas 15 minutos después del estallido, cuando el terror y la impotencia se entrelazaron en su mirada.

Se cumplen 30 años del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), uno de los más sangrientos que vivió el país.

Aquella jornada del 18 de julio de 1994, en medio de la confusión, el pánico y el dolor, un fotógrafo oriundo de Ituzaingó fue de los primeros profesionales en llegar al lugar: se trata de Juan Carlos Franco Voces, quien arribó a Pasteur 633 apenas 15 minutos después de la explosión.

Las imágenes que pudo capturar durante tres días se grabaron en la memoria colectiva, recorrieron el mundo y se convirtieron en testimonios de una barbarie llamada al silencio.

Entre el humo, los escombros y el polvo suspendido aún en el aire que lo cegaban consiguió ver a mucha gente deambulando por las cercanías que se abrazaba sin entender lo que pasaba.

El propio Franco Voces recordó visualizar “las lágrimas rojas teñidas por el resabio de los ladrillos entre cuerpos heridos y temblorosos” que se entrelazaban dentro de su lente y lo hacían dudar si podría o no hacer el click que eternizaría ese momento.

La imagen inmortalizada de un rabino sobre una viga después del atentado a la AMIA

Había algo más profundo que estaba por encontrar en su destino el fotógrafo: las voces que pedían silencio mientras se buscaban víctimas y sobrevivientes cuando surgían voces desde lo profundo de los escombros.

Así fue como Franco Voces inmortalizó la imagen de un rabino que, con ambas manos, cubría su boca parado sobre una viga caída partida en dos retorciéndose entre los aceros.

En esas eternas jornadas escuchó relatos de diferentes credos con una única idea: ayudar. Esas voces pertenecían a víctimas, a sobrevivientes y a quienes perdieron a sus seres queridos ese fatal día que los argentinos y el mundo nunca olvidarán.

Atentado a la AMIA
El presidente Javier Milei encabezó el acto por los 30 años del atentado, en donde se insistió con el reclamo de justicia

Cuando Franco se acercó a la escena, en la esquina sobre la vereda de un bar de Pasteur una mujer lo tomaba desesperada de su chaleco y le gritaba, aturdida, ciega: “¡explotó la AMIA!, hay gente muerta, hay mucha gente muerta”.

El fotógrafo estuvo apostado en las ruinas del edificio y retrató el esfuerzo interminable de los rescatistas acompañados por sus perros. “A cada largo silencio le sobrevino la felicidad que estremecía la piel cuando encontraban con vida a alguna persona entre los escombros”, recordó.

Franco Voces capturó con su lente la desolación de la muerte, la particular emoción de la vida, el dolor desgarrador que aniquiló esperanzas de familiares y también la resiliencia, el pedido de oxígeno, de mantas, y los reclamos de algo esencial en esas primeras horas: el silencio para oír la ayuda.

De ahí el nombre de su obra ‘Escombros en silencio’, que recorrió el mundo como un recordatorio de la tragedia, pero también a modo de homenaje a quienes vivieron esos momentos de dolor por sus familiares, amigos o tan solo gente que pasaba por Pasteur un día como cualquier otro.

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