El explosivo juicio por jurados en La Matanza contra dos hermanos acusados de matar a un vecino

Cruces picantes entre abogados y el fiscal, testigos acorralados a la hora de declarar y un veredicto que no culpabilidad para uno de los imputados y otra por exceso en la legítima defensa para el restante. El debate tuvo de todo: hasta la confesión de una testigo de que le hicieron saber la ley migratoria y que podía ser expulsada del país si no decía la verdad.

Dos hermanos fueron protagonistas de un explosivo juicio por jurados en La Matanza. Ambos llegados al banquillo acusados de haber matado a un vecino el 29 de noviembre de 2024 en González Catán en el marco de una pelea. Se trata de Héctor Quiñonez (28) y Wilfrido Verón Quiñonez (40), a quienes la justicia les imputó el crimen de Armando Ramón Leiva.

El hecho ocurrió en un complejo habitacional ubicado sobre la calle Spilimbergo 5005 de la mencionada localidad y la víctima fatal recibió un total de 4 heridas cortopunzantes: una en la región cervical izquierda (superficial), otra en el abdomen que le lastimó estómago, hígado y bazo; la tercera en la zona intercostal, que llegó hasta el corazón y todo indica que fue la mortal; y la última en el brazo izquierdo.

La gran discusión en el debate no versó en la autoría: no se discutió que fue Wilfrido quien le asestó las cuchilladas y que Héctor participó de la reyerta. En rigor, lo que se intentó dilucidar es si fue un homicidio simple o uno cometido en exceso de legítima defensa, es decir, para enfrentar un ataque.

En torno a esa situación giró el intercambio de las partes ante la orientación que brindó al juicio el juez Raúl Elhart, integrante del Tribunal en lo Criminal N°3 del Departamento Judicial de La Matanza. El objetivo fue ventilar cómo fueron los hechos mediante el relato de testigos para convencer a los jurados populares que decidan la pena a imponer.

La teoría del caso y lo que dijeron los hermanos acusados

El fiscal Carlos Luppino defendió la hipótesis de su colega Claudio Fornaro, que investigó el hecho. Para el Ministerio Público Fiscal se trató de un crimen cometido por los hermanos en el medio de una pelea: Héctor tomó por la espalda a Armando Leiva mientras Wilfrido lo apuñalaba de frente. Por esa imputación ambos llegaron a esta instancia con prisión preventiva. El abogado Walter Fidalgo, abogado patrocinante de víctimas, representó a S.J., mamá del hijo del fallecido, y presentó una mirada similar para sostener la acusación.

Los defensores de los imputados fueron Matías Melián (de Héctor) y Fernando Sicilia (de Wilfrido). Ambos se diferenciaron al plantear lo que había sucedido esa noche y no pusieron en duda la autoría del crimen, pero sí lo sucedido: coincidieron en plantear que se defendieron de un ataque. Y le recomendaron a ambos hermanos que declaren para que expongan su versión de aquella noche fatal.

Wilfrido arrancó su narración revelando que Leiva “siempre me decía boliguayo (sic) de mierda” (él es de nacionalidad paraguaya y su esposa boliviana). Estaba trabajando de lunes a lunes para juntar la plata y poder hacerle el bautismo a mi hija. Quería hacer lo mejor posible y la pasé de peor manera. Nunca tuve enemistades con nadie, lo pueden comprobar yendo al barrio. Siempre ayudamos a los vecinos cuando tenían que hacer alguna obra en su casa”, expresó.

Y profundizó en lo que ocurrió ese día. “Llegué de mi trabajo. Estaba en casa la amiga de mi señora, que iba a ser madrina de la nena. Cenamos y mi esposa me dijo que Armando estaba tomando porque estaba a los gritos. Y después vino a gritar a la ventana de mi casa. Estaba en pijama, salí para pedirle que deje de gritar sino iba a llamar a la Policía. Me dijo ‘no te la bancas solo’ y me pegó con un fierro. Yo tambaleo, casi me caigo del todo, se me vino de golpe encima y veo el cuchillo delante mío. Lo primero que sentí es que le di en el estómago y luego chocamos contra la pared y ahí se le hincaba el cuchillo. Llegó mi hermano, nos separó y me fui para mi casa con el cuchillo en la mano”, reconstruyó.

Y acusado cerró su testimonio: “no debí salir, me arrepiento de haber salido. Ahora no puedo estar con mis hijos. Sufro mucho cuando van a verme. No le deseo que le pase a nadie. No pensé nunca en matar a nadie, sólo me defendí”.

Su hermano Héctor brindó una narración similar, aunque muy distinta a la imputación. “Salí de casa y vi a Armando rompiéndole la cabeza a mi hermano. Puse la mirada en el fierro con el que vi que le pegó y no tuve tiempo de preguntar nada: actué. Podía haber agarrado un palo, tomarlo de atrás como me acusaron. Digo la verdad: yo sí fui de atrás, pero no lo agarré: me puse en el medio para separar una pelea. En ningún momento vi un cuchillo. ‘Soltá el fierro’ le reproché a Armando”, se sinceró.

Testigos y ¿una amenaza velada?

A lo largo del debate, que se extendió por más de 10 horas y dos jornadas, una serie de testigos expusieron lo que sabían de aquella noche. Incluso se reconstruyó, con la profesional que la realizó, la Cámara Gesell practicada al hijo de 7 años de Leiva y que vio lo sucedido. También declararon dos policías que intervinieron tras un llamado al 911 hecho por la viuda de Leiva.

Una mujer perteneciente a la fuerza recordó que cuando arribó le hablaron de “un conflicto de vieja data” entre víctima y victimarios, que previamente se habían tomado a golpes de puño. “Leiva lastimó a Wilfrido con un fierro en la cabeza, el hermano los quiso separar y Wilfredo lo lastimó con un arma blanca. El fallecido estaba en la puerta de su casa tirado en cúbito dorsal. Tenía varios puntazos en el estómago y en la espalda”, expresó ante el jurado.

Otro efectivo que acudió aquella noche recordó que en ese complejo habitacional de la calle Spilimbergo 5005, esquina Las Flores, “hubo muchos eventos” previamente al crimen. Y enumeró que unos meses antes Leiva había ingresado a la casa en donde vivía su mujer (Sonia Jaramillo) con el hijo de ambos “con un arpón en una mano (un palo de escoba con una cuchilla de carnicero en la punta) y un cuchillo en otra mano”. Fue ella quien llamó al 911 para pedir ayuda porque Leiva tenía una restricción de acercamiento a su pareja.

En medio de la exposición, una testigo apuntó contra el fiscal Luppino. “¿Usted ya se había entrevistado con el fiscal?” le preguntaron a M.A., vecina de los hermanos acusados. “Si. Me dijo que si no decía la verdad él me podía expulsar del país”, expuso. “No me gustó esa parte”, acotó la mujer. “Le hice saber la ley migratoria”, argumentó el funcionario judicial. Fue un punto que hizo mucho ruido en el debate y sobre el que las partes prefirieron no ahondar ante la consulta de Primer Plano Online.

Acusación y pedidos de pena

A la hora de los alegatos, el fiscal Luppino insistió con su hipótesis y pidió al jurado popular que los hermanos sean declarados culpables. “¿Quién se defiende con 4 puñaladas?”, les preguntó a los miembros del tribunal para desacreditar sus defensas. Y pidió un veredicto de culpabilidad porque “si este hecho queda impune mañana no nos vamos a poder quejar si mañana nos toca a nosotros. No son delincuentes, pero mataron, y quien mata debe pagar”, enfatizó.

El abogado Fidalgo, por su parte, apeló a los sentimientos del jurado. “Ese nene (el hijo de Leiva) se va a acordar, cuando llegue su cumpleaños, que dos días antes mataron a su papá. Ustedes tienen que decidir si 4 puñaladas es un exceso en legítima defensa. Cualquiera de ustedes puede estar en el lugar de la viuda”, apuntó.

La defensa de Verón Quiñonez, por su parte, recalcó: “nosotros no vinimos a mentir y cuando hablamos de Leiva no es para criminalizarlo, sino para demostrar que era él quien tenía los cuchillos, no Wilfrido. Y tampoco venimos a decir que está bien muerto ni nada por el estilo: fue la acción de un hombre atacado a fierrazos que agarró cualquier elemento para defenderse”, señaló el abogado Fernando Sicilia, quien además precisó que en las 4 puñaladas que le asestó “queda probado el exceso”.

Para cerrar los alegatos, Matías Melián cuestionó la instrucción de la causa, consideró que “el juicio por jurados es lo mejor que hay para que se decida lo que pasó” y le reprochó al sistema judicial: “Wilfrido está hace un año y medio preso ‘de onda’. De un día para el otro le cagaron la vida. Cualquiera puede acusar a otra persona de un delito y lo meten preso hasta que en un juicio se demuestre lo contrario”. En ambos casos le pidieron al jurado popular un veredicto de no culpabilidad.

Las últimas palabras de los acusados y el veredicto

Los hermanos imputados pidieron dar sus últimas palabras ante el tribunal popular. Wilfrido pidió perdón y reiteró que sólo se defendió. “Nunca en mi vida pensé en matar a una persona. Dejo en manos de Dios la decisión”, afirmó, mientras que Héctor planteó: “yo insisto con mi inocencia. No ayudé a matar a nadie. Soy inocente y dejo mi futuro en sus manos”.

Tras analizar la prueba y deliberar, Héctor Quiñonez fue declarado no culpable, es decir, sobreseído, mientras que para Wilfrido el tribunal decidió la figura de homicidio simple con exceso en la legítima defensa. La pena es de 1 a 5 años y el juez Elhart le aplicó la pena de 4 años de prisión.

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