“Destrozó a dos familias en un mismo acto: la de la chica que mató y la suya”. Las palabras de un investigador resumen la conmoción que se vivió en la casa de la calle Norquins al 2000, del barrio San Carlos, en Isidro Casanova, hasta donde llegó una comitiva policial en busca del asesino de Daniela Fernanda Luna (37), la mujer policía asesinada mientras hacía viajes para una aplicación.
Según la reconstrucción del hecho realizada por fuentes judiciales y policiales a Primer Plano Online, agentes de la DDI de La Matanza se apersonaron en el lugar, al cual presuntamente había ingresado el acusado del crimen. Fue el papá del acusado quien abrió la puerta y accedió al ingreso de los investigadores. Es más: los sentó frente a una pantalla y les permitió el acceso a las cámaras de seguridad de la vivienda.
“En ningún momento ofreció resistencia. Por el contrario, no entendía nada y brindó toda la colaboración que se le pidió”, detalló un vocero de la pesquisa. Lo increíble sucedió durante el trámite: el hijo del dueño de casa no estaba. “Fue hasta el supermercado, ya vuelve”, respondió su padre. Mientras eso pasaba las filmaciones esperaban por ser vistas.
Casi media hora después regresó a su casa Sebastián Nicolás Ávila (25), a quien su progenitor le indicó que muestre los registros fílmicos. “Vos que entendés mejor mostrale las cámaras a los policías”, fue su pedido. El joven se sentó y repasó las imágenes. Pero el personal le marcaba un horario puntual: entre las 5 y las 6 de la mañana y él las salteaba. Ahí surgieron las sospechas, porque el parecido físico era notorio.
Las sospechas por el horario de los registros fílmicos que salteaba el asesino de la mujer policía
A la tercera vez que el sujeto pasó de largo el horario, uno de los oficiales lo miró fijo y le aseveró: “sos vos el asesino”. “Si, soy yo”, confesó quebrado y al borde del llanto. “Se me escapó la bala, sólo quería robar el celular”, agregó. Su papá quedó sin palabras. La Policía, con anuencia del fiscal Claudio Fornaro, lo detuvo de inmediato. En su habitación hallaron el arma homicida, junto a una valija con municiones calibre .9 milímetros, con la que mataron a Luna.

El papá del acusado es chofer de colectivos desde hace años. Incluso es delegado de sus compañeros de la línea 8, que une Aeroparque con el aeropuerto internacional de Ezeiza. Y un dato impactante que Primer Plano Online pudo corroborar para la elaboración de este artículo: Ávila estaba próximo a ingresar a trabajar a esa línea en los próximos días. Actualmente estaba desempleado.
“El padre y la madre estaban destruidos. Se nota que es gente de bien, de trabajo. Por eso es que destruyó a dos familias: la de la mujer que mató y la suya”, sentenció otro investigador consultado por este medio. Efectivamente, en el barrio el concepto vecinal de los Ávila era, al menos hasta ayer, el mejor.
Quién era la mujer policía asesinada en La Matanza cuando trabajaba para una aplicación de viajes
La sargento Daniela Fernanda Luna tenía 37 años, era mamá de dos criaturas y fue hallada ensangrentada en el asiento del conductor del auto que conducía, un Ford Fiesta blanco en el que estaban todas sus pertenencias. El crimen ocurrió en la intersección de las calles Carlos Casares y Norquins, de la localidad de Isidro Casanova. Fue un llamado al 911 realizado por un vecino el que advirtió de la situación.

La mujer estaba ya sin vida y con herida en pómulo izquierdo, con visible cantidad de sangre a la vista. Con la llegada de una ambulancia, el médico constató su deceso y se comprobó que la bala mortal había ingresado por la nuca. La víctima estaba de licencia médica y con pedido de retiro voluntario por una incapacidad física debido a lesiones sufridas en accidente de tránsito en acto de servicio. Por eso sumaba ingresos trabajando como conductora.
En el interior de su auto fue encontrada una vaina servida calibre .9 milímetros y debajo del cadáver de la fallecida un plomo deformado en apariencia de idéntico calibre. Asimismo, la cartera de la víctima con objetos personales y dinero en efectivo, no así su celular, que fue lo que le alcanzaron a robar.
Una rápida tarea de la Policía siguiendo las cámaras de seguridad permitió llegar hasta la casa del asesino, a quien en las circunstancias narradas más arriba le secuestraron el arma homicida, la ropa que tenía al momento del sangriento ataque y el teléfono de Luna. Está claro que no le espera otra condena que perpetua.








