Matías Valdetari tenía 19 años y estaba con su novia y unos amigos en la plaza de Malaver y Alegría, en Haedo, compartiendo un rato. Eran, en total, tres chicas de 18 años junto a dos muchachos de la misma edad, todos conocidos desde la escuela primaria. Pero de repente, lo que era un momento de distracción se convirtió en tragedia.
Dos asesinos se cruzaron por el lugar, y pretendieron robarles los celulares y otras pertenencias. Matías salió en defensa propia y de sus amigos, sospechando que el arma con la cual estaban siendo asaltados era de juguete porque era cromada. Entonces recibió un tiro en la ingle, que a los pocos minutos le costó la vida, pese a ser rápidamente auxiliado por su propio papá, que lo llevó de urgencia al Instituto Güemes de Haedo después de ser avisado por los amigos del joven.
A Matías le gustaba cantar rap y había hecho hacía dos semanas un show con temas sociales a dos cuadras de donde, paradojas del destino, fue velado. Se topó con un asesino a sangre fría apodado ‘Chuky’, quien le pegó un disparo y pretendió rematarlo en el piso, pero tuvo piedad al verlo agonizando. Después del ataque, los dos malvivientes se retiraron caminando del lugar como si hubieran hecho un trámite. “Son tipos grandes, no pibitos que se drogan con paco. Quiero que cumplan toda la pena, porque no pueden estar en la calle. Encima (el que disparó) está catalogado como alguien peligroso”, relató compungido Hernán Valdetari, en papá de Matías, en conversación con Adrián Noriega en la emisión semanal del programa periodístico Primer Plano.
Por el asesinato hay tres detenidos: Andrés Muñoz (que es el sindicado como autor del disparo, alias ‘Chuky’) y Santiago Acevedo, apodado ‘Gordo’, ambos imputados por robo agravado, homicidio criminis causa y tenencia de arma de fuego. Hay un tercer arrestado en la causa: se trata de Dante Castillo, que en este caso enfrenta la imputación de encubrimiento agravado. Hernán reconoció el trabajo de la Policía, que “trabajó muy bien y con mucha eficacia”, según describió. Antes del crimen de Matías, los malvivientes habían intentado robar a un delibery al que le dispararon y la bala le rozó un hombro, y también habían robado un kiosco.

El velorio de Matías fue multitudinario, con la presencia de más de 300 personas entre amigos, vecinos, maestros de primaria y secundaria y conocidos del barrio de la familia. Hernán tiene 44 años y otros dos hijos, una mayor que Matías y el otro menor, a los que, confesó, “nunca los vi llorar tanto”. “Teníamos una relación hermosa. Era mi bebé, un tipo cariñoso, me hacía de comer cuando yo trabajaba mucho. Siempre me decía, cuando discutíamos por algún motivo, ‘gordo, con el único que bajo la mirada es con vos’. Tengo un hijo más chico pero él era mi bebé, muy tierno”. En ese momento la garganta se le hizo un nudo y desató un llanto que eriza la piel de sólo verlo.
“No era ningún transa, ningún tipo de la noche. Era un gil, un terrón de azúcar. No lo hubiesen matado como una rata si hubiera sido todo lo que dicen”, finalizó Hernán, un padre arrasado por la vida.










