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sábado, julio 13, 2024
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“Espero que Dios haga un milagro”: el drama de la mamá de un joven intubado por consumir la cocaína envenenada

Fui a apagar la luz de la cocina, que siempre la deja prendida y lo reto. Ahí lo encontré tirado en el piso”. Era miércoles cerca de las seis de la mañana cuando Beatriz fue hasta ese sector de su casa en su recorrida matinal antes de seguir durmiendo un rato más. En esas circunstancias se produjo el hallazgo, que alarma de sólo escucharlo.

Por lo que logró reconstruir la mujer con un grupo de jóvenes que estaba en una plaza que queda a la vuelta de su casa, su hijo había pasado un rato antes por allí y tomó un poco de Fernet con Coca que ellos tomaban. Luego saludó y se marchó a dormir. A los minutos se convirtió en uno de los involuntarios protagonistas del caso que conmociona al país: consumió la cocaína envenenada que dejó hasta el momento 20 personas muertas y otras 74 internadas.

Se ve que entró y se cayó. Primero dio con la nariz contra la mesada y después rebotó se fue hacia atrás. Llamé a una ambulancia, que no vino porque el sistema estaba colapsado, y sí un joven que pasaba para ir a trabajar a la Base Aérea de El Palomar paró con el auto y me ayudó a traerlo hasta el hospital. Eso salvó a mi hijo, porque llegó con un infarto”, relató en conversación telefónica con Primer Plano Online.

Ya son 20 las muertes por la cocaína envenenada: incautaron ocho mil dosis bajo la sombra del ‘Rengo’ Pacheco

Ariel (41) permanece internado en el hospital San Bernardino, de Hurlingham, intubado y con un cuadro que les médicos advierten como “grave”. El muchacho es papá de seis hijos: uno del corazón y seis propios. Y tiene un oficio, el de herrero. Pero su adicción a las drogas le impide desarrollarlo. Vive haciendo changas y se mudó con su mamá y el marido, que no es su padre biológico, que falleció hace 25 años.

“Me di cuenta que estaba grave porque roncaba con un ronquido extraño, los ojos para atrás y amarillos. Aparte no sé cuánto tiempo estuvo tirado sin que le llegue oxígeno al cerebro. Los médicos dicen ahora que hay que esperar las consecuencias”, indicó Beatriz.

Ariel volvió a la casa materna hace un año y medio, luego de separarse de su mujer justamente por su problema de adicciones. “No es para cualquiera vivir con un adicto”, reconoce ella, que sabe que su hijo consume desde los 14 años, cuando apenas era un adolescente.

Mamá (67) es jubilada y el marido de ella es carnicero, pero sufrió una pancreatitis hace dos años que, pandemia mediante, le impidió volver a su trabajo porque todavía no pudieron operarlo. Recién ahora, que cumplió los 65 años, empezó a tramitar la jubilación para contar con otro ingreso. En estos 25 años que están juntos supieron convivir con la adicción por momentos desesperante del muchacho.

“Yo espero que Dios haga un milagro. La mano del hombre ya se movió, los médicos hicieron lo que tenía que hacer. Pero cuando no hay más que hacer lo único que podemos hacer es aferrarnos a la fe”, concluyó Beatriz, que también aclaró que su objetivo al contar el drama familiar es “que esto sirva para cambiar la realidad” de gente que clama por ayuda frente al consumo de drogas, algo que destroza el tejido social.

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