El domingo 29 de septiembre pasado Camila Salice regresaba a su casa de Castelar sur tras haber ido a bailar al boliche Tropitango. Manejaba el Fiat Siena de su propiedad y la acompañaban dos amigos. Circulaba por el carril lento de la Panamericana, a la altura del kilómetro 18,5 rumbo a la General Paz.
La velocidad a la que se trasladaba la chica se calcula era entre 75 y 80 kilómetros por hora. Eran las 6.30 del amanecer y un muchacho de 20 años, que manejaba un Toyota Corolla a mucha mayor velocidad, la embistió de atrás. Ese fue el comienzo de la dramática historia que Primer Plano Online comparte con sus lectores.
“Se calcula que ese auto venía haciendo zigzag y a más de 150 kilómetros por hora. Fue tan tremendo el impacto que el baúl desapareció, corrió el tanque de gas y aplastó la rueda de auxilio. El amigo que viajaba en la parte trasera quedó atrapado”, le contó a este medio Romina, la hermana de Camila.
En medio de la conmoción de no entender lo sucedido, el otro joven que viajaba a su lado la abrazó para evitar que se lastime mientras el auto daba trompos y se iba hacia el divisor de cemento que separa las manos de la arteria. Cuando se frenó el coche, su amigo consiguió bajarla y mientras asistía al otro chico sucedió el segundo siniestro, que fue peor, por cierto.
Mientras entre Camila ayudaba a bajar a su otro amigo, el que viajaba en la parte trasera y estaba visiblemente herido, el conductor de una Suran se detuvo para asistir y llamar a la Policía. Fue ahí que se produjo un segundo choque: un Peugeot 207 que también estaba excedido en velocidad quiso frenar y una Ford Ranger lo embistió. Ese auto fue de lleno contra la vecina de Castelar y la aplastó contra su Siena.
El gravísimo estado en el que quedó Camila y la campaña para ayudar en su recuperación
Tras el segundo impacto, Camila quedó en coma. Fue internada en el Hospital Municipal Melchor Posse, de San Isidro. Las lesiones que padeció fueron gravísimas y la tuvieron por varios días al borde de la muerte. A punto tal que necesitó asistencia de un respirador mecánico. Si bien ahora la emergencia de vida ya la pasó comienza la etapa de la reconstrucción de su organismo.
“Ella sigue en terapia intensiva, pero sin riesgo de vida en este momento. Lo que sí necesita urgente la reconstrucción de su pierna: tuvo fractura de tibia, peroné y fémur. Y también tienen que reconstituirle la parte izquierda de su rostro, pero esa será una segunda operación”, describió Romina.
“Los primeros días fueron horribles. Su estado era muy, muy crítico, y los partes médicos desalentadores. De a poco fue superando lo peor y ahora viene la etapa de empezar de nuevo”, describió su hermana. El problema que tiene la familia es que los médicos requieren de prótesis que son muy costosas y, como no tiene cobertura social, sí o sí las tiene que proveer el Estado. O pagarlas de su bolsillo.
Tuvieron contacto con las autoridades del Municipio de Morón para intentar conseguir los insumos, pero no se llevaron respuestas favorables. El tema está en la burocracia, porque también debe intervenir la Provincia de Buenos Aires para conseguir las prótesis.
“Lo cierto es que mi hermana está hace 17 días en una terapia intensiva, pasó cuatro transfusiones de sangre y virus intrahospitalarios, como la neumonía. Por eso es un riesgo que siga internada y tenemos que operarla cuanto antes”, se sinceró Romina, visiblemente conmovida.
Es por eso que inició una campaña para reunir el dinero que le permita comprar los insumos que otorguen a los médicos lo que hace falta para poder hacer la cirugía y sacarla de una vez de la terapia. El presupuesto total de lo que necesita reunir es $2.843.500. No parece una cifra inalcanzable y ya mucha gente se sumó a la movida con cualquier tipo de colaboración, por poco que parezca. Es la primera cirugía de otras que deberá afrontar.
El alias para transferir dinero es Romina.m.amengual, a nombre de Romina Mariel Amengual del Banco Santander. Camila tiene ganas de vivir, la está peleando “como una guerrera” y su familia se aferra a la esperanza de volver a tenerla en su casa, criando a su hijita, esa que pide por mamá todos los días.








