Tras la decisión inicial de YPF de congelar precios de sus combustibles por 45 días, el resto de las compañías del sector se sumó a un esquema excepcional que mantendrá sin cambios los valores en los surtidores durante al menos un mes y medio.
El acuerdo busca amortiguar el efecto de la suba internacional del petróleo sobre la inflación, el consumo y el resto de los precios de la economía. Un control de precios inesperado en la era libertaria, donde manda el mercado. Y luego de que las empresas de colectivos anunciaran que empiezan a reducir servicios por el impacto de la suba del gasoil en sus prestaciones.
La medida, de alcance nacional, se enmarca en un acuerdo entre productoras, refinadoras y empresas integradas que apunta a evitar un nuevo salto en los surtidores y a desactivar el traslado de esos incrementos al resto de la economía.
La decisión se conoció luego de que YPF, que concentra cerca del 55% del mercado de combustibles, activara un esquema excepcional para sostener los valores en los surtidores. Tras ese anuncio, el resto de las empresas del sector se alineó con la estrategia y aceptó un mecanismo de compensación interno que no contempla intervención directa del Gobierno.
Valores disparados
El entendimiento establece que, durante este período, el barril destinado al mercado local tendrá como referencia un rango de entre U$S90 y U$S100, pese a que el Brent internacional se mueve actualmente en torno a los U$S107 y llegó a rozar los U$S110 en los últimos días. De esta manera, la diferencia entre el precio internacional y el valor que se reconoce en el mercado doméstico quedará asentada en una cuenta compensadora para su liquidación posterior.
Según trascendió, aunque los productores continuarán facturando al valor internacional vigente, las refinadoras abonarán sobre la base del precio de marzo. La brecha resultante se regularizará una vez finalizado el plazo inicial, previsto para mediados de mayo, cuando las empresas volverán a revisar el esquema.

La medida aparece en un contexto de fuerte volatilidad en el mercado energético global, impulsada por la guerra en Medio Oriente, que provocó un salto abrupto en la cotización del crudo. Antes del conflicto, el Brent se ubicaba cerca de U$S72 por barril. Un mes después, el valor trepó hasta la zona de U$S107, lo que representa un incremento del 48,6% desde fines de febrero. En lo que va del año, la suba acumulada alcanza el 75,4%.
Ese movimiento internacional ya tuvo impacto local. Desde febrero, los combustibles acumulan aumentos de entre 15% y 25%, según la región y el tipo de producto. En gran parte del país, con excepción de la Patagonia, la nafta súper y el gasoil superaron por primera vez los $2000 por litro, una referencia que encendió alarmas tanto en el Gobierno como en el sector privado.
El aumento del combustible tiene un efecto directo sobre otros precios de la economía, en especial alimentos, logística, transporte y costos industriales. Por eso, el congelamiento temporal apunta a evitar un nuevo impulso inflacionario en abril, luego de que el propio ministro de Economía, Luis Caputo, admitiera que la inflación de marzo quedó por encima de lo previsto por el impacto del alza en los surtidores.









