Se cumplen cinco años del femicidio de Nadia Arrieta en su regalería de la avenida Pedro Díaz al 500 en Villa Tesei, que ella llevaba adelante como un emprendimiento personal con el permanente apoyo de su familia. A la chica la degolló Néstor Maximiliano Montiel, un supuesto cliente que pasó a retirar una compra hecha mediante una aplicación e intentó abusarla sexualmente al encontrarla en soledad.

En el mediodía del 1 de marzo de 2018, el asesino llegó al local para cometer lo que la justicia calificó como un “femicidio no íntimo” en medio de un ataque contra la integridad sexual de la víctima “mediante un desnudamiento forzoso y violento, maniatándola y amordazándola reduciendo así toda posibilidad de defensa, mediando las circunstancias de violencia de género apuntadas con el claro designio de causarle la muerte”.
Esas calificaciones surgieron del juicio realizado ante el Tribunal Oral Criminal Nº 4 de Morón, integrado por los jueces Pedro Rodríguez, Rodolfo Castañares y Carlos Torti, y fue realizado por el fiscal Pablo Galarza. Por eso ese debate marcó un antes y un después al analizar jurídicamente los femicidios. El funcionario judicial introdujo la noción de que esa figura “no se ve limitada a una relación de pareja o a un contexto íntimo y personal, ya que eso no es un requisito estipulado en ningún lado”.
“Se considera femicidio cuando un varón mata a una mujer mediando violencia de género, por ejemplo, una agresión sexual que culmina con el crimen de una mujer a manos de un extraño. Es el caso de Nadia”, había alegado cuando pidió la pena máxima para Montiel, cosa que finalmente le fue aplicada por, además, su condición de reincidente. Eso es lo que ratificó a mediados del año pasado la Suprema Corte bonaerense.
“Se hace cada día más difícil, pero trato de poner la mente en cosas positivas para seguir adelante. Con el tiempo uno se va acostumbrando a la ausencia. Pero es algo que duele para siempre”, reflexionó Beatriz Flores, la mamá de Nadia, en conversación con Primer Plano Online. Por estos días espera por recibir su diploma de arteterapeuta, una disciplina mediante la cual intentará dar una mano a quien la precise en su salud mental.











