Científicos del CONICET lograron cicatrizar herida de paciente con un parche de placenta humana

El tratamiento permitió evitar una cirugía de injerto y consiguió la regeneración completa de los tejidos en un paciente con una úlcera crónica que no respondía a las terapias convencionales. El problema de salud se había originado a partir de una inyección mal aplicada y que todas las intervenciones de recuperación fracasaran.

Investigadores del CONICET, en conjunto con profesionales del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) y especialistas vinculados al sistema de procuración de tejidos de la provincia de Buenos Aires, lograron cicatrizar por completo una herida compleja mediante la utilización de un parche elaborado con membrana amniótica humana, un tejido obtenido de la placenta tras el parto.

El caso, cuyos resultados fueron publicados en la revista científica International Journal of Molecular Sciences, representa “un avance significativo en medicina regenerativa” y abre la puerta a nuevas alternativas terapéuticas para pacientes con lesiones crónicas de difícil resolución.

La experiencia se desarrolló sobre un paciente oncológico que padecía una úlcera glútea recalcitrante, es decir, una herida crónica que no respondía a los tratamientos habituales. La lesión se había originado tras una infección asociada a una inyección aplicada de manera inadecuada y, luego de múltiples intervenciones sin resultados satisfactorios, la alternativa médica disponible era un injerto quirúrgico de tejidos.

Parche creado por científicos del CONICET
Parte del equipo médico que intervino en la invención creada con placenta humana

Sin embargo, el paciente manifestó su intención de evitar una nueva cirugía. Frente a ese escenario, el equipo médico propuso una estrategia innovadora: tratar una parte de la lesión con un apósito elaborado a partir de membrana amniótica humana y otra con una matriz de colágeno bovino, un producto comercial habitualmente utilizado en este tipo de procedimientos.

Una diferencia visible en pocas semanas

Los resultados de la terapia comenzaron a observarse rápidamente. A los 49 días de iniciado el tratamiento, la zona cubierta con membrana amniótica mostraba una evolución “considerablemente mejor” que aquella tratada con colágeno animal, precisaron desde el CONICET. Los médicos comprobaron una reducción más marcada de la inflamación, una regeneración más ordenada de los tejidos y un avance más veloz de la piel sobre la superficie lesionada.

Ante esa diferencia, decidieron extender el uso de la membrana amniótica a toda la herida. El cierre completo de la úlcera se alcanzó aproximadamente cinco meses después del inicio del tratamiento, sin necesidad de intervención quirúrgica ni internación.

Qué tiene de especial la membrana amniótica

La membrana amniótica es la capa que recubre la cara interna de la placenta. Aunque habitualmente se descarta luego del parto, contiene proteínas y factores biológicos capaces de estimular la regeneración celular, disminuir la inflamación y favorecer la formación de nuevos vasos sanguíneos.

Parche creado por científicos del CONICET

Para este procedimiento se utilizó una versión liofilizada -es decir, deshidratada mediante un proceso especial de conservación- producida por la organización AMNIOSBMA, un banco de tejidos habilitado por los organismos regulatorios nacionales. Según explicaron los investigadores, cuando el parche entra en contacto con los fluidos naturales de la herida recupera humedad y libera de manera progresiva esos factores biológicos que impulsan la reparación tisular.

Más allá de la evolución clínica, los científicos analizaron muestras de tejido obtenidas antes y después del tratamiento para comprender qué ocurría a nivel biológico. Los estudios histológicos y moleculares mostraron que las zonas tratadas inicialmente con membrana amniótica desarrollaron una cicatrización más homogénea y una maduración más eficiente de los tejidos profundos.

Además, los investigadores detectaron un proceso activo de angiogénesis, es decir, la generación de nuevos vasos sanguíneos indispensables para nutrir los tejidos en reparación. En contraste, la región tratada con colágeno bovino presentó signos de inflamación persistente y una reacción compatible con rechazo al material implantado.

Del laboratorio al paciente

Para los autores, el trabajo constituye un ejemplo concreto de medicina traslacional, una disciplina que busca convertir los descubrimientos científicos en soluciones aplicables a la práctica clínica.

“Existe un consenso clínico a nivel mundial que se denomina TIMERS, que enmarca cómo debe ser el protocolo para el tratamiento de las lesiones crónicas o de difícil cicatrización”, cuenta María Ximena Guerbi, becaria del CONICET, quien trabajó en la invención junto al equipo médico encabezado por Jimena Rodrigo, integrante del staff de Cirugía Plástica del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas ‘Norberto Quirno’ (CEMIC), y Alejandro Berra (CONICET).

“La investigación no termina en el laboratorio. El desafío es transformar ese conocimiento en herramientas que mejoren la vida de las personas”, coincidieron los especialistas. El caso puso también en relieve el aprovechamiento de un material biológico que normalmente se desecha después del parto y que, mediante procesos de esterilización y conservación, puede convertirse en una herramienta terapéutica de alto impacto.

Lo más visto

Artículos destacados

¿Lo leíste?

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img