Castelar: la crisis arrasa y se lleva puesto uno de los comercios más tradicionales de la ciudad

“No da para más la cosa”, reconoció Elba, propietaria junto a su esposo del local que, por 44 años sobrevivió a los vaivenes de la economía, pero esta vez ya no pudo. Durante 45 días remataron el stock de mercadería que les quedaba para poder hacer frente al pago de las indemnizaciones de sus empleadas.

Cerró sus puertas para siempre ‘SU Blanco’, uno de los locales más emblemáticos del centro de Castelar, que durante 44 años se dedicó a la venta de productos del rubro blanquería como almohadas, frazadas, sábanas, toallas, colchas, manteles y acolchados, entre otros productos.

El comercio sobrevivió a los vaivenes que atravesó el país durante las más de 4 décadas que precedieron a la baja de sus persianas, pero no pudo definitivamente con la coyuntura actual. “Bajaron mucho las ventas y no da para más la cosa. Así que acá terminamos”, reconoció Elba en diálogo con Primer Plano Online.

Además del cambio en los hábitos de consumo, el poder adquisitivo de la población impactó de lleno en la actividad. El local que alquilaron hasta ayer está ubicado en Carlos Casares al 900, pleno centro de esa localidad. Ricardo, el otro propietario de la firma, describió el proceso que atravesaron en los últimos meses.

Hace 5 años entraban 40 o 50 personas por día. Ahora, en los últimos dos años, entraban 12 o 15. Algo cambió”, expresó el comerciante. La calidad de la mercadería que ofrecieron a sus clientes no se modificó, “siempre fue buena”, coincidieron en señalar. “Algo que no era nuestro es lo que cambió”, insistió.

Remate de mercadería para pagar indemnizaciones

Ya resignados por el triste desenlace del comercio, Elba y Ricardo tuvieron palabras de elogio y gratitud para la clientela fiel que, durante tantos años, visitó el negocio para llevar sus productos. Ellos habían arrancado la actividad en un local mucho más chico y justo enfrente del que ocuparon hasta el cierre, y el éxito los fue llevando a ampliarse para tener más productos y dar trabajo a sus colaboradores.

Sin insultos ni enojos, aunque sí con un dejo de nostalgia, el matrimonio contó que “nos vamos con un profundo dolor, pero con la tranquilidad de haber perdurado tanto tiempo y de no bajar la persiana con deudas”. “Cumplimos con nuestros empleados y pagamos hasta el último peso con nuestros proveedores y con los gastos del local”, se encargaron de resaltar. Durante 45 días remataron el stock que les quedaba para pagar las indemnizaciones de sus empleadas, otras víctimas de la situación económica.

“Nos vamos con un profundo dolor, pero con la tranquilidad de haber perdurado tanto tiempo y de no bajar la persiana con deudas”, reconocieron Elba y Ricardo

Intentaron llegar hasta el Día de la Madre en octubre próximo, pero ⁠prefirieron no estirar lo que sería una suerte de agonía. Incluso ya sabían que, para renovar el contrato, debían hacer frente a un incremento importante por la locación, porque ya el propietario les había avisado de una suba del 45%, cosa que era imposible de afrontar.

Para seguir algunos días más el locatario había ofrecido un punto intermedio entre el nuevo valor y lo que pagaban en la actualidad: la decisión de Elba y Ricardo fue ponerle punto final al emprendimiento. Es que superaron la crisis del 2001 y la pandemia, pero el momento actual no encontraron forma de sobrellevarlo.

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