“Lejos del derecho. Para mí arranca otra vida. Parafraseando a Jorge Asís, nada más lejos de mi mesa de luz que el derecho a partir de mi jubilación”. Se retira uno de los fiscales del Departamento Judicial Morón que dedicó su vida por completo al estudio de las leyes y logró introducir una serie de conceptos novedosos en sentencias. Por ejemplo, en lo que hace a femicidios.
Se trata de Pablo Galarza, que se jubila luego de 37 años en el sistema y de 28 como fiscal. Egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ingresó a trabajar como meritorio en 1988 en los Tribunales de Morón. Hizo carrera en el Tribunal Oral Criminal N° 4, a cargo del por entonces juez Néstor Martínez, quien lo nombró en esa dependencia.

Después pasó al Ministerio Público Fiscal, donde trabajó con Raquel Lafourcade, tuvo un paso por la justicia de Trenque Lauquen y retornó a Morón al Juzgado Criminal y Correccional N° 15. Esencialmente, siempre se desempeñó en el área de juicio, que es su gran especialidad.
“No soy de familia judicial: mi papá auxiliar de farmacia, mi mamá partera y mi hermana bioquímica, ninguno nada que ver con el derecho. Por eso siempre agradezco a quienes me dieron la oportunidad sin ser hijo de alguien del sistema: consideraron que trabajaba bien”, reflexionó Galarza en una charla con Primer Plano Online justamente luego de lo que fue su último juicio.
Debates que marcaron la carrera de Pablo Galarza
El caso Candela I (2016-2017) fue un juicio que marcó la trayectoria de Galarza. Duró seis meses y hubo muchas cuestiones difíciles de probar, pero finalmente las condenas contra los tres responsables del crimen de la niña oriunda de Hurlingham.
El Tribunal Oral Criminal N° 3 de Morón había condenado a prisión perpetua a Hugo Elbio Bermúdez y Leonardo Jara por los delitos de privación ilegal de la libertad coactiva seguida de muerte de la menor, mientras que Gabriel Fabián Gómez le aplicaron la pena de 4 años de cárcel por ser considerado partícipe secundario del hecho. El fallo fue ratificado en junio por la Corte Suprema de Justicia de Nación, con lo cual ya quedó firme.
Pero Galarza también tuvo un destacado rol como fiscal en otro caso que conmovió a la opinión pública regional, y fue el asesinato de la joven Nadia Arrieta en el local de regalería que tenía sobre la avenida Pedro Díaz 596, de Villa Tesei, en Hurlingham. Hasta allí llegó quien luego se descubriría como autor del crimen en un intento de abuso sexual que la víctima resistió.
Se trataba de Néstor Maximiliano Montiel, quien luego fue condenado a prisión perpetua por considerarlo autor de un femicidio no íntimo, es decir, sin tener una relación de pareja previa con la víctima. El asesino pretendió cometer un ataque contra la integridad sexual de la chica “mediante un desnudamiento forzoso y violento, maniatándola y amordazándola reduciendo así toda posibilidad de defensa, mediando las circunstancias de violencia de género apuntadas con el claro designio de causarle la muerte”.
El concepto de femicidio no íntimo
El concepto de femicidio no íntimo, es decir, sin conocimiento previo entre víctima y victimario, fue incorporado al fallo final que condenó a perpetua al asesino de Arrieta y que luego fue ratificado por Casación y por la Suprema Corte de Justicia bonaerense.
Curiosamente Galarza, quien en el juicio Arrieta trabajó junto a su excolega Mario Alberto Ferrario (actualmente camarista en San Martín), había sido quien intervino en una condena previa que tuvo Montiel a 20 años de prisión por 4 tentativas de homicidio y un abuso sexual en Hurlingham. “No me lo hubiera querido volver a encontrar nunca”, reconoció en la entrevista con Primer Plano Online.

La figura de femicidio no íntimo ya era usada por el Tribunal Superior de Córdoba. Lo que en ese caso se pudo establecer es que el asesinato de Nadia “fue un femicidio más allá del conocimiento o no previo entre ambos”. “Fue tal la violencia desplegada y la humillación que quedó claro que fue un delito cometido por el hecho de ser mujer y del intento de imponer supremacía masculina”, enfatizó.
En definitiva, se retira de la justicia un hombre que, con aciertos y errores, como todo el mundo, se ocupó de estudiar más allá de lo que indica el tema y de aplicar el derecho como marca su función, para la que se formó. La justicia de Morón pierde un baluarte, que deja huellas para seguir.













