Es habitual escuchar en distintos relatos graficar un determinado hecho con la leyenda del escorpión y la rana, una historia que es fábula, pero sirve para ilustrar aquello contra lo que no se puede, eso que está intrínseco en el ser humano.
En esa corta historia, el escorpión le pidió a la rana que lo cargue para cruzar un río. La rana, desconfiaba, lo indaga: ¿pero no me vas a picar? “No, porque eso haría que ambos nos ahogáramos”, respondió el escorpión. Sin embargo, a mitas del camino se produce ese ataque inesperado, a traición. Y la justificación del escorpión: “es mi naturaleza”.
El viernes pasado, en la intersección de Rivero y Santa María, de Morón, el propietario de una camioneta Fiat Estrada estaba terminando de cargar mercadería para salir a su reparto habitual. Ingresó al comercio para terminar de disponer todo y salió, menos de un minuto después. Cuando pisó la vereda el rodado ya no estaba.
Desesperada, la víctima llamó al 911 para avisar del delito. Y la Policía cargó en toda la región la advertencia con la patente para frenar la marcha si es que veían su paso. Y, en ese contexto, una comitiva de la comisaría 1ª de San Justo que realizaba controles en talleres mecánicos observó el paso de un vehículo con un conductor “que denotaba nerviosismo”, precisaron fuentes de la investigación.
Seguimiento controlado y detención
Para evitar incidentes mayores, por caso, un eventual tiroteo en zona muy poblada, los efectivos optaron por seguirlo de cerca hasta que se aleje de la zona. Mientras, por sistema confirmaron que ese vehículo había sido robado media hora antes y ya estaba denunciado: el delincuente que se la llevó no había tenido tiempo de cambiarle la patente.

Tras una persecución encubierta de 12 cuadras, en la intersección de Camino de Cintura (Ruta 4) y Ruta 21 la camioneta Strada se detuvo en un semáforo, que fue el momento elegido por los policías para abordarlo: lo rodearon y obligaron a descender.
Sin oponer resistencia, el joven delincuente se entregó. La sorpresa llegó con su identificación: se trata de Matías Alberto Echeverría (20) y había firmado horas antes su libertad condicional en el Patronato de Liberados.
Efectivamente, el muchacho había salido de la cárcel tras estar detenido por al menos tres robos de autos previos en La Matanza. El auténtico escorpión, al que el Estado le dio una oportunidad más y no pudo aprovecharla: está en su naturaleza.










