Nadie es capaz de matarte en mi alma: despedida al Indio Solari en primera persona

El nombre de un hijo, los 30 kilómetros de caminata para ver un show y un policía que interrumpió un viaje simplemente para manifestar su fanatismo. Crónica a una obra que seguirá sonando en cada barrio, en cada pibe que nazca por su herencia familiar, en cada fiesta, en cada cancha. Y en el corazón de un pueblo que no olvida a quien lo hizo feliz.

Por Norman Díaz, secretario de Redacción de Primer Plano Online

Me pidieron escribir en primera persona una nota sobre la muerte del Indio Solari y resulta que voy a terminar escribiendo un artículo que habla más de mí que de él. En verdad, de lo que ese pelado añoso provocó desde que tuve un primer contacto con su obra, recién ingresado al Secundario. Y que me hizo quedar en shock desde que me enteré de la noticia, como en suspenso, esperando descubrir en qué se convierte el mundo ahora.

El Indio y Gabriela, mi esposa, son un antes y un después en mi vida. Con ella hicimos juntos Jardín y Primaria y volvimos a encontrarnos ya de grandes, ambos con una vida hecha. Cuando arrancamos nuestra relación de pareja un día le hice hincapié en una canción, cuyo estribillo decía: “que precio tienen mis sueños, vos ya sabés”. Yo quería ser papá, era mi gran anhelo: al tiempo llegó Patricio. No me pregunten por qué se llama así, pueden ver sus fotos de bebé.

Despedida al Indio Solari en primera persona
Patricio, el nene ricotero desde la cuna: su nombre lo dice todo, al igual que su pilcha de nacimiento

Siempre amé la cultura ricotera, pese a que hay cosas en las que nunca entré. No me gusta el alcohol, jamás probé drogas ilícitas y a cada show que fui pagué religiosamente mi entrada en el primer día de venta. No tuve un grupo de pertenencia con los que juntarme para iniciar las caravanas y transitar largos trayectos: si pintaba ir con alguien armábamos la travesía. Y si no, en soledad, siempre que las tías pudieran cuidar a Pato y a sus hermanos Abril y Thiago.

30 kilómetros de caminata

Con Gaby nos tocó vivir una anécdota que sólo se explica por el amor. Llegamos a Gualeguaychú en abril de 2014 con mucho tiempo de antelación, pero ya a las 15 no se podía avanzar. Para las 18, después de haber transitado tres horas a paso de hombre, se me ocurrió la idea: “dejemos el auto acá que no debemos estar tan lejos”. Bajamos y empezamos a caminar, hasta que un cartel indicaba: “acceso al show 15 km”.

No era chiste: recién a las 22.15 conseguimos ingresar al hipódromo, con el recital empezado y barro hasta las rodillas porque en esa ciudad había llovido toda la semana. La pasión pudo más: fue la última vez que se mostraron juntos los ex Redondos Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli y Walter Sidotti, quienes subieron al escenario para tocar en vivo ‘La Pajarita Pechiblanca’, flamante -para entonces- creación de Solari con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Despedida al Indio Solari en primera persona
Una de las cosas que me marcó en Gualeguaychú: el puesto de venta de gaseosas de Veteranos de Malvinas de Morón

Faltaba Skay, claro, con quien jamás recompuso vínculo. Y caminar otros 15 kilómetros hasta el auto. En el medio, la peor hamburguesa que comí en mi vida: si no dejamos el hígado ahí es porque teníamos tarea por delante.

Entiendo que la potencia balcánica de aquella canción nos ayudó a llegar y manejar de regreso a casa tras dormitar un rato al borde de la ruta. Similares viajes hubo a Junín, Tandil (dos veces, la segunda cuando anunció que Míster Parkinson le andaba pisando los talones), Olavarría, Paraná y La Plata. Saber ser jefe: en todos esos viajes conté con el respaldo de Adrián Noriega, director de Primer Plano Online, que dejó fluir mi feligresía musical.

El ploteo en el auto y la actitud de un policía

Poco después, el ploteo que le había hecho a la luneta del auto me hizo protagonizar un momento que por un instante me generó zozobra y después supo que me iba a llevar a la tumba. La CGT le hizo un paro nacional al Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por el Impuesto a las Ganancias y la autopista Buenos Aires-La Plata estaba semi vacía.

Despedida al Indio Solari en primera persona
El ploteo que llamó la atención de un efectivo policial, que no perdió su oportunidad de manifestar la admiración ricotera

A la altura de Quilmes noté, por el espejo retrovisor, que un policía de la Motorizada me empezó a hacer luces para que disminuya la marcha. Se me llenó la mente de dudas sobre qué pudo haber pasado, pero en realidad el míster lo había hecho de vuelta.

El uniformado se me puso a la par del lado izquierdo, señaló con su dedo gordo de la mano derecha la parte trasera de mi vehículo, cerró el puño y se lo llevó al pecho tres veces juntas. Aceleró y se perdió en el camino. Un cana reivindicando al Indio: hablame de cultura popular.

Las despedidas son esos dolores dulces

Hoy Pato ya tiene 11 años. Pese a su corta edad sufrió tres grandes pérdidas: su nono primero, la nona después. Entre ambos vio llorar a papá porque se fue el Diego (Maradona) que lleva tatuado en el brazo. Y ahora lo intentó consolar cuando no paraba de mirar el impacto de la noticia. Pucha: el tema que más le gusta a él de todos los que escuchó es ‘Encuentro con un ángel amateur’, donde el Indio prácticamente empezaba a despedirse en pandemia.

Decirle gracias a ese ídolo que me marcó para siempre parece muy poca cosa. Tatuarme su imagen en el brazo que me queda libre será el homenaje a tributarle humildemente. Hacer un dibujo en la piel para alguien que es donante de sangre habitué también implica salir de las canchas por un año: afortunadamente, justo el martes pasado doné así que al menos tan mal no me voy a sentir hasta que pueda volver a hacerlo.

Así como en 2002 perdí a mi hermano después de una larga enfermedad y cada día lo tengo conmigo, nadie es capaz de matarte en mi alma, míster. Tu obra seguirá sonando en cada barrio, en cada pibe que nazca por su herencia familiar, en cada fiesta, en cada cancha. Porque las despedidas son esos dolores dulces.

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