La Ley Joaquín empieza a ser una realidad. La Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires aprobó el proyecto que establece la obligatoriedad de medidas de seguridad vinculadas a la instalación y el mantenimiento de juegos de plaza, arcos, postes y todo tipo de elementos instalados para el juego, el deporte y la recreación. La normativa alcanza tanto establecimientos públicos como privados de todo tipo de institución.
Como se recordará, Joaquín Stefano Gatto tenía 12 y era oriundo de Ramos Mejía, en La Matanza. El chiquito se fue de campamento a Junín de Los Andes y, luego de llegar y mientras los profesores descargaban las pertenencias de los chicos, se fue a jugar al fútbol con sus compañeros de aventura.
En esas circunstancias se colgó del travesaño de uno de los arcos de la cancha que tenían disponible se desmoronó sobre él. El siniestro le provocó al adolescente aplastamiento de tórax y, pese a los esfuerzos por asistirlo y su urgente traslado a una clínica, las heridas internas que sufrió resultaron mortales a las pocas horas.
La dimensión de una tragedia
Desde aquella tragedia familiar, papá y mamá de Joaquín luchan por una regulación que obligue que todos los arcos de clubes, escuelas y campamentos se encuentren debidamente sujetos al suelo y tengan controles de seguridad estrictos. Actualmente, no hay ninguna ley nacional ni provincial al respecto.
El autor del proyecto que recibió aprobación en la Cámara de Diputados fue Facundo Tignanelli, legislador oriundo de La Matanza. “Cuando nos juntamos con sus padres tomamos dimensión que es una tragedia que sucede mucho en nuestro país y no hay ningún tipo de regulación. La familia viene empujando este tema, porque son realmente tragedias que se pueden evitar de una manera muy sencilla, poniendo anclaje en cada uno de estos juegos”, destacó.
La Ley Joaquín busca que todos los instrumentos para la práctica de algún deporte (como aros de básquet, por ejemplo) estén amurados y sujetos al suelo, con inspecciones de rutina y controles estrictos en clubes, escuelas, campamentos y espacios públicos al que asistan grandes y chicos. “Este tipo de tragedias se pueden prevenir fácilmente”, asegura la familia Gatto, que sigue su lucha por una legislación nacional.











