El peligro de tener armas al alcance de chicos: adolescente baleó a su primo mientras jugaban en El Palomar

Según confesó el tirador, ambos creyeron que la pistola de su abuelo estaba descargada. Sin embargo, un disparo impactó en el abdomen de su familiar, que fue trasladado de urgencia al Hospital Posadas, en donde debió ser operado y quedó alojado en terapia intermedia. El revólver fue secuestrado por la justicia.

En medio de una profunda conmoción que revolucionó la cuadra por la presencia de policías y una ambulancia del SAME, un adolescente de 16 años confesó que baleó a su primo accidentalmente mientras jugaban con una pistola propiedad del abuelo de ambos que creyeron estaba descargada.

El hecho ocurrió sobre la calle Fluguerto al 1300 de la mencionada localidad de Morón. La víctima, de 18 años, fue llevado por el adulto mayor al Hospital Posadas con su auto particular: ni bien ingresó debió ser operado de urgencia y permanece en terapia intermedia “fuera de peligro”, precisaron voceros de la investigación.

¿Qué fue lo que pasó? En medio de una situación de extremo nerviosismo, la Policía se presentó en la vivienda luego de que se activara el protocolo médico en el centro de salud, que automáticamente avisa al 911 del ingreso de alguna persona herida de bala.

El herido, dolorido pero consciente, alcanzó a contarle al personal policial que “estaba en la puerta de mi casa, pasaron dos tipos, me quisieron robar y me pegaron un tiro”. Ya de entrada el relato pareció extraño: no porque no pueda ocurrir un hecho así, sino porque nadie llamó a la central de emergencias para comunicarlo.

La confesión del tirador accidental

Entonces siguieron indagando sobre el entorno cercano del chico y su primo, de 16 años, al borde del llanto se quebró y dijo la verdad. “Estábamos jugando en la casa de mi abuelo, encontramos el arma, le sacamos el cargador y pensamos que le habíamos sacado todas las balas. Pero no: así se disparó”, fueron, palabras más, palabras menos, sus dichos.

De inmediato, los policías le preguntaron a dónde estaba el arma y se trasladaron al domicilio para secuestrarla y ponerla a disposición de la justicia. El fiscal Pablo Cabrejas, de la UFI de Responsabilidad Penal Juvenil N° 2 de Morón, dispuso que la pistola calibre .25 automática y las 6 municiones que tenía queden a resguardo para los peritajes de rigor. Además, secuestraron un casquillo percutado.

En principio la carátula del expediente es lesiones graves por disparo de arma de fuego, aunque como todo indica que se trató de un accidente el funcionario judicial no adoptó temperamento alguno con el tirador. El chico baleado, en tanto, sigue alojado en el Posadas y no puede declarar por el momento para ratificar la historia narrada por su primo.

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