Ahora: el Tribunal Oral Criminal N° 2 de La Matanza condenó a prisión perpetua a uno de los asesinos de Hilda Tello, la mujer que recibió un balazo en el cuello mientras viajaba en un colectivo de la línea 174 en la localidad de San Justo.
La pena máxima recayó sobre Jonatan Ezequiel Soto (19), a quien los jueces Lucila Laura Pacheco, Diego Sebastián Burgueño y Pablo Ernesto Lago consideraron como autor del balazo mortal contra la víctima fatal. El veredicto, al que asistió Primer Plano Online por medios telemáticos, fue leído por el auxiliar letrado del TOC, Martín Giangreco.
Para la justicia quedó probado que Soto viajaba como acompañante en una moto la mañana del pasado 15 de enero de 2025. Al llegar a la calle Coronel Lynch al 2800, entre Illia y San Martín, intentaron asaltar a un joven que lavaba el auto en la vereda. Lo abordaron con fines de robo, lo intimidaron con una pistola del calibre 9 milímetros y no alcanzaron a sustraerle nada porque justo pasaba por el lugar el transporte público en el que viajaba Tello.
Al ver la secuencia y escuchar el pedido del auxilio del muchacho, el chofer Cristian Julio Rodolfo Paz, colectivero del interno 623 de la línea 174, estrechó el paso de la moto en la que circulaban los delincuentes, que reaccionaron de la peor manera: el acompañante disparó tres balazos hacia el micro, de los cuales uno de los proyectiles impactó en la humanidad de la pasajera. Pese a que fue llevada de urgencia a una clínica cercana, su deceso fue casi inmediato.
El juicio y la confesión: “quise tirar al aire”
En el debate, Soto -detenido luego de una investigación de la DDI La Matanza, bajo la conducción del comisario Flavio Marino, contó en detalle lo que había ocurrido aquella jornada. Lo pasó a buscar por su casa de La Tablada un “amigo”, que está prófugo en la causa y con orden de captura nacional e internacional: se trata de Dylan Uriel Vivas, quien todo indica conducía la moto.
“En un determinado momento, Dylan me pidió que me baje de la moto, me dio un arma y le hice caso. Me vi pidiéndole la llave del coche al señor y su celular, no sé para qué porque no sé manejar. El señor salió corriendo y Dylan me dijo ‘vamos, vamos’. Me subí a la moto y, cuando nos estábamos yendo, actué de una manera muy fea, mal”, reconoció ante el tribunal.
Y agregó: “pido perdón. Mis intenciones no eran esas, no quise matar a nadie, no soy capaz de matar a nadie. Estoy arrepentido de lo que hice. Yo quise tirar al aire. Si pudiera volver el tiempo atrás no me subiría a la moto y no compartiría tiempo con esa persona”.
En rigor, sus palabras oficiaron como confesión del crimen. Por eso la justicia le espetó la autoría de los delitos de robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa (por el intento de asalto al vecino que lavaba el auto) y homicidio agravado criminis causae agravado por el uso de arma de fuego por el crimen de Tello. El veredicto está en consonancia con lo solicitado por el fiscal del juicio, Carlos Luppino.
Soto, detenido desde el 13 de febrero de este año, recién estaría en condiciones temporales de pedir la libertad condicional una vez cumplido el plazo de 35 años de condena: es decir, el 12 de febrero de 2060.











