Lionel Scaloni y un video desde el corazón para apoyar a la fundación Juliana Gómez

“Hola. Soy Lio Scaloni. Con este video quiero dar mi apoyo a la fundación Juliana Gómez, a su mamá y a toda la gente que apoya a la fundación”. Seguramente no fue la charla técnica que le dio a los muchachos antes de la final con Francia en el Mundial Qatar 2022 que consagró a la Selección Argentina como campeona del mundo, pero sí un mensaje sentido y desde el corazón para bancar una lucha.

Seguidor de causas nobles, el creador de La Scaloneta, equipo que regaló una de las alegrías más importantes de la historia al país, se sumó a la batalla que emprendió Marisa Gómez, la mamá de la futbolista de Argentino de Merlo que murió en un siniestro vial regresando de Rafaela tras representar a su club.

Juliana se convirtió en bandera. Por un lado, de la desidia, del desinterés, del arreglate como puedas, del “lo atamos con alambre”, como indica la canción de Ignacio Copani. Ella tenía sueños de jugar al fútbol, quería demostrar su talento dentro de una cancha y dominar la redonda, y para hacerlo aceptaba lo que había: viajar como se podía, calzar botines rotos y hasta tener que pagar para poder hacer ver su calidad.

La joven vecina de Agustín Ferrari, en Merlo, también se convirtió en insignia. Del prohibido olvidar, enarbolado por su familia; del basta del desprecio hacia una actividad que en el mundo se encamina a ser tan profesional como lo juegan los varones; y, principalmente, de la exigencia para que el orden establecido cambie de una vez por todas.

“Empecé una campaña pidiendo apoyo para que esto no vuelva a pasar. Para que no haya otra Juliana Gómez que fue a jugar con todo su amor por la camiseta y me la devolvieron en un cajón”, explicó Marisa, la mamá de la futbolista fallecida el 8 de octubre del año pasado. En conversación con Adrián Noriega en el programa periodístico Primer Plano por el canal Somos, de Flow, enfatizó que “desde la muerte de mi hija no cambió nada, sigue todo igual”.

La mamá de Juli tiene un objetivo que la hace sacer fuerzas de donde no sabe que existen: quiere crear una fundación para contención, ayuda y protección de derechos de las miles de chicas que pretenden jugar al fútbol en el país. Empezando por lo local, sus pagos merlenses, lo primero que necesita es un lugar para instalar la sede de la ONG cuya personería jurídica está en trámite. Después, ponerse a elaborar proyectos concretos mientras se convierte en un ámbito para que las voces empiecen a ser escuchadas.

“Tiene que haber un antes y un después y llegar a una ley que obligue a la AFA a ayudar a los clubes más chicos y a solventar gastos básicos como los de traslados”, planteó Marisa. En el país del fútbol campeón del mundo, por ejemplo, hay chicas que tienen que pagar en las entidades para desarrollar la actividad. Y hay quienes siguen rehenes de un sistema perverso, en el que no pueden acceder a su pase si no pagan para que se los liberen las dirigencias.

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